Creo que hice realidad una de mis grandes fantasías en esta cuarentena. Mucho había oído hablar de trufas y nunca me había cruzado con una. Ni siquiera en la versión “aceite de trufa”. Nada. No sabía cómo olían, qué sabor tenían, ni su textura. Pero estaba llena de recetas con trufas que me llamaban a conocerlas. Pastas, huevos, quesos. Y ahí estaban las trufas. Y ahí estaba yo, mirando por la ventana.

Hace un par de años dije: quiero hacerme estos tallarines. Eran unos tallarines con queso rallado, aceite de trufas y una yema de huevo encima. La yema recibía un tratamiento previo: tipo que la cocían pero no. Era una situación un poco ridícula porque yo echaba a volar mi imaginación viendo fotos de pastas con trufas (incluso me hice un tablero en Pinterest dedicado exclusivamente al culto a los platos con pastas-huevo-queso-trufa), pero no hacía nada por conseguirlo. O sea, en realidad estaba pasando por un periodo de vacas flacas entonces pensaba: ¿no será musho-derroshe? Así que me amarré las manos y me conformé mirando fotos por internet.

Un año después, un día estaba haciendo algunas “diligencias” por Sanhattan y dije: voy a ir al Coquinaria y me daré el lujo de comprar un aceite de trufas. La cosa es que yo juraba que el Coquinaria todavía estaba en el W, pero ñooo, hace rato que se habían ido de ahí. Llegué y me miraron con cara de: pobrecita la señora. Me dio lata ir al Parque Arauco (donde se habían cambiado), así que me dije: filo, pa otra.

Pasó el tiempo y un día me regalaron una giftcard de una multitienda. Andaba siempre con la giftcard en la cartera “por si acaso”. Y resulta que llegó el coronavirus y yo estaba en la oficina, la última semana antes de empezar con el teletrabajo, y me metí al sitio de la multitienda y busqué: aceite de trufas. Y ahí estaba: un pack de 2 aceites. En realidad no es aceite de trufas propiamente tal, sino que es aceite de oliva aromatizado con trufas. Y que buen uso le di a esa giftcard. Creo que es el mejor uso que le he dado a una giftcard en mi vida. Estaba tan emocionada. Me llegaron a la semana siguiente. Por fin pude oler a trufas. Podía hacerme una idea sensorial de como eran. Me preparé los tallarines con queso rallado, la yema de huevo y el aceite de trufas. De hecho subí esa foto. Fue un gran momento gastronómico en solitario. Mi mente estaba viviendo un nivel de excitación inigualable. Años de preguntas se estaban resolviendo en ese instante.

Combinación soñada.

La cosa es que me dije a mi misma: quiero una trufa. Pero no me atreví a comprarla de una. Dejé pasar los meses. No sé, creo que me da pudor darme algunos lujos, por absurdo que suene, es así. El punto es que cantó Gardel y me dije: es el momento. Y le escribí a los Truferos Grau. Llegué justo. Tenían las últimas trufas de la temporada. Eran más chicas, así que al más puro estilo “de ricos y famosos” dije: dame 2.

Al día siguiente llegaron mis trufitas. Y yo en modo #cabrashicaenfiestadecumpleaños las miraba, las tocaba, las olía y las amaba. Pensaba y pensaba en cómo optimizar mi experiencia trufistica. Rellené dos quesos brie. A estos quesos les he dado varios usos: un omelette de desayuno (que hermoso desayuno fue ese), acompañando a una linda focaccia y de picoteo con un ensamblaje de tintos. Todo muy dosificado. Quiero hacer durar esta experiencia.

Hoy dejé trufando unos huevos con el último pedazo de trufa que me quedaba.

Para trufar los huevos: dejarlos 48 horas en contacto con una trufa, quedan aromatizados y deliciosos.

Y una anécdota más. El día que me llegaron las trufas subí una historia a mi Instagram personal y un señor que apenas conozco, de esas personas que viven en el vaivén de las interacciones patéticas/zalameras (y que uno se los banca porque si), me escribe: CUICA. Segunda vez que me mandaba un mensaje así. La primera vez, en enero, me sentí mal y borré la publicación (que ponte tú que era un libro en el pasto). Luego siguió enviándome mensajes de vez en cuando. A veces le respondía, a veces no. La verdad es que no me sentía nada de cómoda con esa interacción, porque francamente, después de esa situación de enero, lo empecé a encontrar agresivo y desagradable. Bueno filo, yo estaba feliz con mis trufitas y me llega ese mensaje. Y nada po, me ardió la cara porque OYE LOCO Q XUXA #siono y ahí le respondí: oh que latero. Y lo bloquee: ya chao, no tengo xq bancarme a un viejo de mierda feo ql #sapoylacsm que venga a cagarme la fiesta. Loco, anda a laar. Sorry por el francés #uwu

Así q gracias trufitas también por facilitar la muerte cibernética de ese nefasto personaje. Fin.

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