A mediados del 2016 nuestras piernas temblaron. No estamos hablando de la aparición de un nuevo reggeaton ni de una polémica en el matinal. Fue por una buena razón: de etiquetar todos los alimentos con sus sellos, llegó el fanatismo por la alimentación saludable y los ojos se pusieron nada más ni nada menos que en la marraqueta.

La marraqueta, pan francés o pan batido,  es el pan de Chile y corría peligro. No había hallulla que le pudiese hacer la batalla.

La aparente culpable de esto: la sal. La marraqueta y su alto contenido de sodio, esas eran las razones. La pseudo-inquisición que vivió la marraqueta hizo que muchos chilenos levantaran sus voces en defensa proclamando “no perrita, con la marraqueta no”, “si a la marraqueta, no + AFP”, el hashtag #MarraquetaLovers se tomó twitter y el chileno tuvo miedo. Es que con la marraqueta no se juega.

La marraqueta es hermosa por su simpleza y su crocancia (o crujencia como dirían algunos autores). Es harina, agua y sal. Por cada quintal de harina se utiliza un kilo de sal. El Ministerio de Salud solicitó disminuirlo en la mitad, lo que para los expertos panaderos significa derechamente eliminar la marraqueta. La sal otorga a la masa propiedades que favorecen la textura tradicional de la corteza, la que no se lograría con una menor concentración de sal. De hecho se obtendía un pan esponjoso pero sin crocancia. Ningún brillo si lo que esperas meterte a la boca es una buena marraqueta recien salida del horno con mantequilla. Allá tú si prefieres la dobladita, acá estamos hablando de una de las principales protagonistas del patrimonio culinario nacional y no hay pan que se le iguale.

Con palta, tostada con mantequilla, para el choripán y el pebre cuchareao, no hay reemplazo, la marraqueta se queda. He dicho.

2 Comments

  1. No!!!! Y que paso al final???

    • guatitas

      Enhorabuena nada ocurrió finalmente!
      La marraqueta sigue teniendo la misma concentración de sal que la caracteriza y al menos por un buen tiempo, dejó de correr peligro

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