Es mediodía en Barcelona y me encuentro caminando por las calles de adoquines del Barrio Gótico. En esta ocasión camino con un rumbo fijo: quiero almorzar en el Can Culleretes. Inaugurado en 1786, el Can Culleretes se jacta de ser el restaurante más antiguo de Catalunya. Su nombre, se debe en parte a que se trató del primer local en servir su comida con cucharas metálicas, cuando hasta ese momento sólo se usaban de madera.

 

Al entrar, prima su acogedor ambiente. Paredes vestidas de azulejos, platos cerámicos, fotografías antiguas y grandes pinturas murales, generan una rápida atracción a la cultura catalana, y por otra parte, te hacen sentir partícipe de la historia de la ciudad. Grandes mesones repletan las salas, buena parte de los comensales son de edad avanzada y yo diría que locales. Manteles blancos y el alboroto de las conversaciones de sus parroquianos completan la fotografía. La carta del restaurante consiste en las recetas tradicionales de la gastronomía catalana.

Hago caso a la recomendación que recibí y pido el menú, el cual consiste en elegir entrante, un segundo plato y postre, los tres en sus respectivas listas de posibilidades. Esto acompañado de un vino y pan con tomate (algo muy catalán). Calamares a la romana, canelones, mariscos del día, codornices y para finalizar una tarta de whisky, no pasaron en vano por la mesa que usamos con mi hambriento acompañante. La comida no es sofisticada y está hecha con cariño. Es comida casera: simple pero exquisita.

Los precios son razonables. En total, la cuenta nos salió 35,3 euros. Nada de caro para lo consumido. Si tienen planificado de visitar Barcelona, este es definitivamente un “must visit” seguro, junto con la Granja Dulcinea. Pero esta queda para un próximo post.

Dirección: Carrer d’en Quintana, 5, 08002 Barcelona, España

 

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