A pasos de la estación Baquedano se encuentra este clásico santiaguino.

Inaugurada en la década de los 30 por los hermanos Siri, esta tradicional sanguchería del centro de la capital no ha cambiado con los años. Y eso se agradece.

El pan es hecho por ellos mismos.

Se rumorea que las proporciones disminuyeron después de la crisis, sin embargo, el sabor de sus sanguches sigue siendo delicioso.

Cuando voy a la Fuente Alemana de la Alameda (hay otra en Pedro de Valdivia) me voy a la segura y pido el rumano completo. El rumano es una especie de hamburguesa de vacuno y cerdo, que se acompaña de chucrut, salsa de tomate y ají. Todo esto lo acompaño de alguna cerveza que se me antoje en el momento.

Es un lugar para comer al paso. Siempre está llena, especialmente los días de semana a la hora de almuerzo. Si tienes suerte puedes encontrar asiento al llegar sino, a la aguaite de que algun comensal se desocupe luego. La rotación es rápida así que eso no es un gran tema.

Abundante, tradicional y rico. Por más que las señoras sirvan los sánguches sin mayor sentido de la estética, la Fuente Alemana es irremplazable.

 

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