Ilustración de Ignacio Pimentel Ascui.

Cualquiera diría que ser actor de películas para adultos es una profesión fácil. Y sí, es probable que en buena parte así sea, si se tiene una visión sesgada. Pero el estigma te marca.

Las películas para adultos nunca han sido el fuerte del cine chileno. Digamos que el cine chileno no es un foco país: a duras penas sobrevive gracias a unas cuantas productoras idealistas que se esmeran por mantener el séptimo arte nacional vigente y ganan algunos premios, pero sigue siendo un camino difícil. Chile es un país al que le falta mucho para valorar a sus artistas, aunque esto es desviarse drásticamente del tema a tratar ahora.

Porque una cosa es el arte y otra, el porno. Ciertos autores discreparán de mi opinión, pero el porno está lejos de ser una obra maestra. Se disfruta, pero lejos de ser el disfrute de nuestro intelecto es el disfrute de nuestro sistema límbico, de lo más salvaje que albergamos. Y no por eso es malo, pero no es arte. Ser actor porno no requiere más preparación que nacer dotado con una (no siempre) buena verga. Mejor dicho, tienes que haber nacido sin vergüenza de mostrar tu verga ante las cámaras. No siempre es un trabajo fácil. Porque una cosa es que se te pare y otra, que lo haga en televisión. Estamos claros en eso, ¿o no?.

En fin, Chile y el séptimo arte, Chile y las películas porno chilenas. Chile y los buenos nombres de películas porno. Podríamos escribir un libro completo sobre esos nombres, porque vaya que aparecen nombres más ocurrentes a veces. En eso, Chile no se queda atrás, no señor. Y a esto era a lo que queríamos llegar: Pan Caliente (2001, dirigida por Rocco de la Vega), una de las primeras porno chilenas. Pan caliente y un par de chilenos picaos a actores porno.

Y está el estigma. El estigma se mantiene fuerte hasta el día de hoy.

Esteban Venegas, participante de esta producción nacional, lo vivió en carne propia. Sí, claro, convengamos en que es parte de la cultura subterránea popular chilensis. Su vida quedó marcada por el porno. Viejo, tal cual. Esteban pensó que luego de actuar en una película nacional de dicha envergadura podría aventurarse a las pantallas nacionales y postuló a un reality show, genero televisivo casi o más despreciable que el porno. Esteban clasificó en Amor Ciego, segunda temporada, Canal 13. Y ya participando ante las cámaras, la producción se enteró de su pasado verraco. ¡Paf!, el sueño desapareció y Esteban fue inmediatamente descalificado, sin siquiera poder apelar ante el canal católico.

Perdóname pero discúlpame, pero Edmundo Varas es un ejemplo del chileno romántico, o al menos eso quieren inculcarnos a punta de una farándula que, entre broma y broma, nos cuela especímenes como ese para que lo sigamos, y dale con los memes de Lucho Jara y Felipito Camiroaga. Pero bueno, Esteban Venegas no dio para eso. Es más, nadie lo recuerda. Edmundo Varas será papá de una guagua fea, pero lo conocemos. En cambio, de Venegas… vaya a saber uno cuántos hijos tendrá repartidos, si tiene uno, dos, cuatro o ninguno. A nadie le importa. Se decía fotografo en una de sus últimas entrevistas en The Clinic. Capaz que ahora venda sopaipillas en algun carrito, quién sabe.

La vida del actor porno no es fácil. Y siempre va a haber una Marlen Doll que va a querer venderte lo contrario, aunque a la vista sea evidente que no es así.

Viejo, si, tú, viejo, el pan caliente no sólo es el rico pan que sale del horno; ahora sabes que además es una película chilena, de antología… por lo chilena. Porque Reichell es chilena, y punto.

Creo que en eso va nuestra identidad chilena también: pan caliente no puede ser un mejor nombre. Chile es un país que come pan, y come pan todos los días. Clasificamos como los mejores para el pan de latinoamérica, dentro de los top cinco del mundo, seguro. En honor a eso, no podía tener otro nombre que nuestra propia idiosincracia. Pan caliente es un símbolo nacional. No es el símbolo nacional que se va a condecorar en una fonda, pero después de un par de terremotos, es el camino obvio a seguir, ¿sí o no?

¿En qué se resume una porno? Mete-saca, mete-saca, gime, voltéate. Chorrea. Chorrea y grita. Carnes que se mueven más de lo que deberían, porque no olvidemos que estamos en Chile y no hay mucho presupuesto. Cien luquitas mi reina, por cien luquitas la hago famosa.

Una marraqueta recién salida del horno es tan buena como un buen polvo, y en eso creo que no debería haber objeción. Con esta afirmación, con nuestra marraqueta, que es nuestro potito nacional, creo que convenimos en que este tema no da para más. No es más que esto. No da para dos líneas de escritura, porque eso es el porno, es simplón y eso es lo que gusta, porque para qué queremos una trama más elaborada, si sólo se busca satisfacer el morbo. Y eso no pide ningún poema de amor. Solo acción. Luz, cámara y acción.

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